Lo que no guarda una cámara…

― ¿A dónde vas con la cámara? Conmigo no la necesitas ―Le dije algo molesto.

― Quiero capturar cada momento juntos. Hacerlo eterno, y que cada vez que alguien vea nuestras fotos, no pueda evitar sentir envidia ―Me dijo ella con la mayor de las convicciones.

―No suena mal, pero te propongo algo mejor. Vivir. Una fotografía no guarda tu perfume de los sábados, ese que tanto me gusta. No guarda el calor de nuestras manos mientras juegan para calentarse en las noches de invierno. No guardan nuestras ilusiones, como la de ir por detrás de la tristeza, despeinarla y salir corriendo, cual chiquillería, asegurándonos estar lo suficientemente lejos cuando se dé cuenta, para que no pueda alcanzarnos mientras nos reímos de ella. No guarda la chispa de electricidad que provoca un beso en el cuello, y que nos pone el vello de punta. No guarda lo que enciendes en mí cuando te quito el vestido despacio, con delicadeza. Como la princesa que eres. Y sobre todo, ni de lejos guarda lo que siento por ti. Tú y yo somos tan especiales que estamos a años luz de lo que puede guardar cualquier foto.


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